Cuando los viajeros llegaron al Aeropuerto Internacional de Oaxaca en las primeras horas de la jornada, se encontraron con algo que va más allá de un retraso en vuelos: cientos de maestros integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación habían tomado las instalaciones del terminal, impidiendo el acceso normal de pasajeros y personal. La imagen resume la estrategia que la CNTE ha perfeccionado durante décadas: visibilizar su inconformidad en los puntos donde el costo político y económico sea más difícil de ignorar.
De forma simultánea, contingentes del magisterio disidente bloquearon vialidades clave en la Ciudad de México, generando caos vial en una de las metrópolis con mayor saturación de tránsito del país. Autoridades capitalinas confirmaron afectaciones en diversas arterias, mientras elementos de seguridad mantuvieron una posición de contención para evitar confrontaciones. La doble acción —Oaxaca y CDMX al mismo tiempo— no es casual: apunta a presionar en el corazón del poder federal mientras se sostiene la base territorial del movimiento en el sur.
La CNTE ha recurrido históricamente a este tipo de movilizaciones para forzar mesas de diálogo, especialmente cuando considera que las autoridades educativas federales han dejado de atender sus demandas centrales, entre las que figuran la derogación de reformas al sistema de pensiones del magisterio, condiciones laborales y la revisión del modelo educativo vigente. Fuentes oficiales señalan que existen canales de comunicación abiertos, aunque sin acuerdos concretos que justifiquen, desde la perspectiva del gobierno, ceder ante la presión de las calles.
El punto de tensión más delicado en esta jornada es la toma del aeropuerto oaxaqueño, una acción que afecta directamente la conectividad del estado y perjudica a usuarios ajenos al conflicto, desde turistas hasta personas que viajan por razones de salud o trabajo. Este tipo de medidas genera un debate recurrente en México: el derecho a la protesta frente al derecho de terceros a la libre circulación, una discusión que el sistema político nunca ha resuelto del todo y que cada ciclo de movilización magisterial vuelve a abrir.
Lo que ocurra en las próximas horas definirá si el gobierno federal opta por convocar a una negociación urgente o sostiene su postura sin ceder espacio en la agenda. La CNTE tiene experiencia suficiente para prolongar este tipo de acciones; el gobierno, por su parte, sabe que un conflicto magisterial sin solución a la vista puede escalar rápidamente hacia otras regiones del país donde la Coordinadora mantiene presencia activa. El termómetro político del sexenio tiene hoy uno de sus pulsos más altos en las calles y los pasillos de un aeropuerto en Oaxaca.