Por primera vez desde que el tratado entró en vigor, representantes del gobierno de Estados Unidos llegan a la Ciudad de México con una delegación de peso inusual: más de 60 empresarios y congresistas de ambos partidos se sientan hoy frente a sus contrapartes mexicanas para abrir una ronda de negociaciones que definirá las reglas del comercio norteamericano en los próximos años. La composición bipartidista de la delegación no es un detalle menor —refleja que el interés por revisar el acuerdo trasciende las divisiones políticas internas de Washington.
El T-MEC, que sustituyó al TLCAN en 2020 y está sujeto a una revisión obligatoria en 2026, enfrenta hoy un entorno muy distinto al que existía cuando fue firmado. Las tensiones arancelarias, los debates sobre reglas de origen en el sector automotriz, la competencia con manufacturas asiáticas y la presión por reforzar capítulos laborales y energéticos colocan a México en una posición que exige tanto firmeza como capacidad de negociación. Autoridades confirmaron que la agenda de estas sesiones abarca precisamente esos ejes.
Para México, el tratado no es un instrumento periférico: más del 80 por ciento de las exportaciones nacionales tienen como destino el mercado estadounidense y canadiense. Cualquier modificación a las condiciones actuales —en materia de aranceles, inversión o estándares laborales— repercute directamente en empleos, cadenas productivas y en el tipo de cambio. Fuentes oficiales señalan que la posición mexicana entrará a la mesa con propuestas concretas, no solo con disposición a escuchar.
El hecho de que las negociaciones arranquen en suelo mexicano tiene también una lectura política: la Ciudad de México como sede envía una señal de que el país no se sienta a negociar desde una postura defensiva. La presencia simultánea de legisladores y empresarios en la delegación estadounidense sugiere que Washington busca construir consensos internos al mismo tiempo que avanza en las conversaciones externas, un ejercicio de diplomacia paralela que complica los tiempos pero puede dar mayor solidez a los acuerdos alcanzados.
Lo que ocurra en estas semanas de negociación trazará el mapa comercial de México para la próxima década. Si el país logra mantener condiciones favorables en sectores clave —automotriz, agroalimentario, manufactura avanzada— o si acepta ajustes que abran flancos a la competencia externa, son preguntas cuya respuesta aún está abierta. Lo que ya es un hecho es que la economía mexicana no puede darse el lujo de llegar a 2026 sin haber defendido con claridad sus intereses en esta mesa.